La tecnología educativa puede ser
entendida como los medios y recursos instructivos para transmitir el
conocimiento; en ese sentido pueden ser vistos de la misma manera en la que vemos
el dinero, como un recurso con el cual suplimos nuestras necesidades y de vez
en cuando invertimos para ganar. Con la tecnología educativa, realizamos algo
similar, ya que hay algunos que solo nos permiten suplir necesidades
cognitivas, pero hay otros en los que al invertir en el futuro obtenemos
resultados muy positivos; este es el caso de las tecnologías de la información
y la comunicación, que generalmente satisfacen nuestras necesidades de
información actual y verídica, pero no son una fuente de desarrollo muy potente
a largo plazo; por el otro lado, herramientas de simulación, de diseño o
procesamiento permiten generar beneficios en el largo plazo. Es así como
observamos el caso de países, que a través de la inversión en tecnologías de
punta, logran desarrollar su economía, como Corea del Sur o Japón y países que
por no generar esta clase de desarrollos se embarcan en actividades económicas
de tipo extractivo y comercial como Brasil, China o Arabia Saudita.
Pienso que la inversión económica en tecnologías
educativas que no solo suplan nuestra necesidad de conocimiento, sino que
fomenten el espíritu investigativo e innovador generan beneficios económicos de
largo plazo y son una fuente de bienestar para la sociedad en su conjunto,
cuando van encaminados a la producción de bienes y servicios de primera
necesidad.
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